Pactos de frenesí de fin de semana

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Pactos de frenesí de fin de semana

Es viernes y la automática acción ocurre: “la vida no hay que ahorrarla; hay que vivirla con intensidad”.

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Pactos de frenesí de fin de semana
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Texcoco, Edomex.- Los protagonistas son diferentes pero la secuencia es la misma: en casa, los familiares sufren y se angustian porque los hijos (as) están por ausentarse unas horas de casa para realizar un pacto de frenesí entre ellos.

Es el típico momento de “viva la farra aunque mamá se angustie” o algo así como la génesis de otra búsqueda insaciable de viernes.

Es una dinámica genérica en cientos de miles de hogares donde habitan adolescentes.

Es viernes y la automática acción ocurre: “la vida no hay que ahorrarla; hay que vivirla con intensidad”.

Como si el tiempo se les escapara de las manos a esos miles de jóvenes ávidos de emoción extrema, y de sentir que la adrenalina fluye a todo tren por sus vigorosos cuerpos.

Así es como el espectáculo del frenesí juvenil inicia desde el mediodía y eventualmente culmina hasta entrada la mañana del día siguiente. Y el sábado el furor prosigue, aunque a menor intensidad.

Algunos padres imaginan todavía que sus hijos estarán en el arranque del exceso hasta la hora del crepúsculo y que mientras tanto realizan ocupaciones habituales en las escuelas. Es una realidad hechiza. Los chicos empiezan a cargarse de “chelas”, “tachas” y “bachas” desde el mediodía.

Digamos que el porcentaje de esos jóvenes acelerados habituales es de alrededor del 37 por ciento, amén de que una específica evidencia empírica determine un margen de error del 1.5 por ciento.

Decía el escritor Parménides García Saldaña, durante la década de los setenta acerca de la onda, de sus características, esencialidades: “La onda no es otra cosa que ejercer el nivel del propio exceso”.

Sin embargo, desde entonces y hasta ahora, la onda, el reventón, el frenesí de fin de semana adquiere mayor significado si está avalado por los amigos.

Es peculiar que ahora se requiere el consenso de los amigos para organizar cualquier acción fuera de lo común.

Tal parece que hay una especie de directriz, supuestamente democrática, para echar a andar pactos de frenesí de fin de semana.

La costumbre de siempre salir en viernes con los amigos, de ir al antro y darle rienda suelta al desenfreno es un aparente síntoma de libertad.

Lamentablemente, existen innumerables sitios de discutible naturaleza en la calidad del divertimento. Alcohol, droga o estupefacientes varios circulan de una manera in crescendo.

A menudo, en horas de escuela ya están en ambiente los muchachos. En casa se sorprenden de los diversos ofrecimientos de la tarde de esos antros especializados en “jalar” clientela joven.

La felicidad embotellada en una “chela”, sintetizada en una “tacha” y efímera como un cigarrillo es parte de una búsqueda insaciable donde algunas personas de alma oscura no se tientan el corazón al reconocer que envilecen y dañan a esos representantes de las nuevas generaciones.

Es en ese aspecto que las autoridades deberían enfocar baterías donde las sociedades de padres de familia han ubicado sitios donde se envilece a los jóvenes.

Y también ellos podrían exonerar fantasmas. Hacer un serio examen de autocrítica para reconocer qué tan efectivo es repetir esa búsqueda insaciable de fin de semana.


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