No tocaste
la rosa,
y sin embargo,
el frío de
tu silencio
le marchitó
la raíz.
Cansada,
no encontré
mi lugar,
ni siquiera un
resquicio,
o la habitación
suave y preparada.
Manos torpes
y fugitivas
tocaron mi cabeza;
en el espejo,
las muecas del
desamparo.
Tantas preguntas!
y el tiempo:
laguna turbia,
inmensa,
que sin memoria
cada día
se apiada
de nosotros.
No conservo
ni un fragmento,
tu rostro almendrado
se me escapa
a cuentagotas.
Los susurros,
son ecos lejanos.
Vacía de ti,
María se va.
Noticia
Cultura
No tocaste la rosa
Aquí otra contribución poética de altos vuelos de la maestra Irma Hernández, amiga de la cultura del oriente mexiquense.
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