Educación, autoayuda y la psicomagia de Jodorowsky

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Educación, autoayuda y la psicomagia de Jodorowsky

Leer es la consigna, sí. Ser selectivo en las lecturas, también.

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Educación, autoayuda y la psicomagia de Jodorowsky
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“La felicidad es algo que se multiplica cuando se divide”, Paulo Coelho.

“Las palabras antes de ser palabras fueron piedras. No las uses para apedrear sino para construir templos a la Conciencia”, Alejandro Jodorowsky.



Dicen los que saben que para creer hay que ir a la iglesia, y para tener información, conocer y saber de ciertos aspectos de la vida vale la pena mejor encaminar los pasos a la escuela.

Es decir, aunque ir a la escuela no es sinónimo de sabiduría automática, estar en el aula determinada temporada al menos ayuda para desvanecer, en la medida de las particulares posibilidades la estafeta de conciencia ingenua.

Naturalmente, es preciso dejar establecido que siempre han existido las almas autodidácticas que son la excepción de la regla: son los peculiares huéspedes de sí mismos o quienes se instruyen por sus propios medios.

Es aquí donde los libros son básicos. Todos, desde los electrónicos, los de soporte convencional, y hasta los de “autoayuda”.

Después de las derrotas, morder el polvo templa el ánimo. Es entonces cuando se emprende ruta hacia las utopías posibles, y darse cuenta que el mundo no es todas las cosas, sino todos los hechos vitales.

Empecinarse en jornadas de volátil fulgor es ir a la escuela o leer libros o exponerse a la televisión o a los medios electrónicos diversos. El punto está en ajustar la naturaleza de los contenidos.

Para afianzar la anhelada “superación personal” van en tumulto aquella tempestuosa legión de voraces lectores de los libros de autoayuda, aunque en ese camino varios prefieren abrazar alguna religión o la política.

Aquí no se trata de poner etiquetas. Leer es la consigna, sí. Ser selectivo en las lecturas, también. No obstante, antes de que los prejuicios nos alcancen es conveniente conocer que ofrecen los libros de autoayuda y sus voceros oficiales.

No es lo mismo escuchar las ideas ajenas que pregona en la radio Toño Esquinca, que leer las seductoras ideas (también volátiles) pletóricas de psicomagia de Alejandro Jodorowky.

Ni tampoco ponerse de hinojos ante los postulados de Paulo Coelho, que adentrarse en la “Nueva Historia General de México”, que edita el Colegio de México.

Leer es la consigna, sí. Ser selectivo en las lecturas, también.

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